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El otro día mi amigo Henry vino a mi sitio en el trabajo buscando una bolsa... como cada dos semanas me traigo el desayuno (unas magdalenas), resulta que, por no tirar las bolsas de plástico a la basura (en esta empresa no se reclica), pues me las dejo en el escritorio guardadas para cuando las pueda necesitar.
Bien, ayer fue una de ellas. Mi amigo me pidió una y se las di. Cuando vi la cantida que tenía me dijo: "Qué pasa, ¿Te sientes como una cajera del día?".
No me gusta tener bolsas de plástico en el trabajo, pero... cada vez me acuerdo más de ese bosque de plástico que hay cerca de ciudad de México, y es que los plásticos que vuelan y van a parar a los árboles, no les dejan ni respirar ni pasar la luz de sol. Al final los árboles se mueren, pero los plásticos permanecen... no quiero que mis cutrebolsas maten un arbol. Me siento orgullo de ser la cajera del día.
Ayer fue la cena de navidad del departamento.
Ya sé que es un poco adelantado en estas fechas, pero es que luego después todo el mundo anda con cenas y celebraciones y al final a uno le acaba saliendo la comida por los ojos. Así que, haciendo un pequeño esfuerzo pecuniario nos fuimos de cena ayer.
En verdad que éramos pocos. Menos de la mitad del departamento, y es que los malos rollos entre la gente aquí son bastante grandes. Cómo se nota que vivimos bien, si viviésemos mal estaríamos más unidos. Entonces sólo fuimos la gente que se lleva más o menos bien con todo el mundo o que pasa de esos temas.
La cena fue en un restaurente por Ventas llamado Órdago. A cualquiera que lea esto se lo recomiendo, la verdad es que muy rico todo (el revuelto de setas: ESPECTACULAR), y no demasiado caro teniendo en cuenta que nos trincamos de 12 a 14 botellas de vino (yo sólo me debí de tomar una y pico).
Así que, después de tan fastuosa comida todos teníamos cara de satisfación y felicidad... que de eso trata la navidad, no? Pues para mí, ya ha empezado, veremos cómo acaba.
El sábado tuvimos boda en la preciosa ciudad de Córdoba. Allá que nos fuimos mi Cielote, La Pepi y La Rafaella. La verdad es que la boda estuvo muy bien y nos lo pasamos realmente bien.
El problema... mi Cielote no puede ir de viaje con La Pepi y La Rafaella, tienen ritmos distintos de hacer las cosas, ritmos distintos de sueños y demás. En esta batalla yo me encuentro un poco en medio, y es debido a que mi Cielote quiere hacer una cosa y ellos quieren hacer otra. Y en vez de apollar a mi Cielote, lo que hago es apollarles a ellos, cosa que revienta bastante a mi Cielote.
Y tiene toda la razón. Lo malo de ser un calzonazos, es que lo es con todo el mundo, y claro, al final surgen los problemas. Espero poder ir soluciónandolos con el tiempo y apoyar a quien debo apoyar.
En fin, como uno está para hacerle caso a todo lo que mi Cielote me diga, pues he decidido poner remedio a un asunto.
Resulta que mi Cielote me está diciendo todo el tiempo que meta la tripa porque estoy acostumbrado a respirar con la parte baja de los pulmones. Así que ayer decidí hacer algo al respecto, y es comprarme una faja para llevar por debajo de la ropa y que me obligase a respirar con la parte superior de los pulmones. Y claro, he de llevarla ajustada... y la faja me está matando. Eso sí, me deja la figura de estilizada...
El domingo vino a cenar Concentrada. Al final se ha separado de manera temporal (?) de su marido. Me da pena, porque hacía muy buena pareja pero... se les terminó el amor.
Al final, viendo las cosas con un poco de perspectiva, desde mi punto de vista la historia va como sigue. Primero tuvo muchos problemas en el trabajo. Como no tuvo valor para cambiarse, empezó a llevarse los problemas a casa. El resultado es que empezó una crisis en su matrimonio. A su vez conoció a otro (al que yo conozco y me cae como una patada en los cojones) porque estuvo trabajando conmigo en un proyecto anterior en mi antigua compañía como hace 2 años y medio, y empezó a refugiarse en él.
No había sexo, pero sí cuernos. Y al final, su marido se ha ido de casa de manera "temporal". Pero no se ha terminado de ir el marido cuando está entrando por la puerta el otro... No sé cómo se lo va a tomar el marido cuando se entere, pero yo no pienso decírselo.
Han sido más de seis meses de agonía... y esto me sirve para entender que de las malas historias y de las malas experiencias también se aprende.
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